BALANCHINE: Un artista fenomenal
Del 5 al 12 de septiembre el Teatro Colón de Buenos Aires abre su sala mayor para deslumbrar al público amante del ballet con brillantes obras del reconocido coreógrafo George Balanchine: Tema Variaciones y Variaciones Donizetti con reposición de Victoria Simon.
George Balanchine: un genio de la danza; más bien un genio que redefinió el ballet. Fue un coreógrafo y bailarín estadounidense de origen ruso, calificado como uno de los magnos y prestigiosos coreógrafos de la historia de la danza clásica. Desplegó al máximo grado su estética neoclásica, que otorgó al lenguaje académico de una enérgica contemporaneidad. Su pensamiento coreográfico es un crisol donde se concentraron disímiles influjos que van desde el gran academicismo, pasando por los momentos de ruptura con lo clásico, hasta uno las tendencias más vanguardistas del ballet.
Primeros años
Nació en San Petersburgo, Rusia, el 22 de enero de 1904, de la unión del compositor Meliton Balanchivadze y María Nikolayevna Vassilyeva. Su verdadero nombre Georgi Melitonovitch Balanchivadze, no es la forma en que se le conoce, debido a que el gran Serguei Diaghilev consideró que su apellido era complejo para un occidental, y fue él precisamente quien lo bautizó con el nombre artístico que conocemos hoy día: George Balanchine.
Para el niño Georgi, la primera opción de vida no consistió en la danza ya que le atraía enormemente convertirse en un oficial naval. Sin embargo, la Academia Imperial Naval tenía llena su cuota y quiso la buena casualidad que Georgi acompañara a su hermana a la audición que haría por segunda vez para inscribirse en la Escuela Imperial de Teatro y Ballet. En esta ocasión el joven fue incitado a efectuar la prueba e irónicamente, fue admitido, al contrario de su hermana.
En agosto de 1914 se unió a la Escuela Ballet de Petrogrado. Entre otros, fueron sus maestros Pavel Gerdt y Samuel Constantinovitch Andreyanov, y entre sus camaradas se encontraban Leonid Lavroski y Piotr Gusev. Balanchine se graduó con honores en 1921. Ese mismo año se incorporó al cuerpo de baile del Teatro Académico Estatal de Ópera y Ballet, compañía luego conocida como el Ballet del Teatro Mariinsky.
Balanchine empezó a coreografiar precozmente en su adolescencia. Su primera obra, “La noche”, creada alrededor de 1920, está basada en una partitura de Anton Rubinstein, fue un Pas de deux interpretado por una joven estudiante y él, la cual llegó a ser calificada como un escándalo erótico. “Un poema”, con música de Fibich, fue su segunda coreografía, interpretada por Alexandra Danilova y él mismo, referida como admirable y lírica alcanzó gran éxito de la audiencia. “Enigma” fue otra de sus primeras obras, concebida para ser bailada sin zapatillas, al estilo de la entonces naciente danza moderna.
En 1923, Balanchine y algunos de sus compañeros de generación fundan el Ballet Joven, agrupación para la cual coreografió diversas obras, pero se disolvió rápidamente. En el verano del año siguiente, el joven Balanchine, Alexandra Danilova, Tamara Geva y Nicholas Efimov realizaron una gira a Europa Occidental. En Londres fueron vistos por Serguei Diaghilev, quien los invitó a pasar una prueba para su ingreso a la compañía, y así comienza una nueva etapa de su vida: la estancia junto a Diaghilev y los Ballets Rusos.
Desarrollo y plenitud
Desgraciadamente Balanchine, aunque destaca como bailarín sufre una severa lesión en la rodilla que lo obliga a dejar de bailar y centralizarse en ser coreógrafo, durante su estancia en los Ballets Rusos. Producto de la salida de la coreógrafa principal, Diaghilev nombra a Balanchine como su sucesor. Para esta prestigiosa compañía, Balanchine creó un total de once coreografías, entre las que se destacan El canto del ruiseñor (1925), La Pastoral (1926); La gata (1927) y El hijo pródigo (1929).
Luego de la muerte de Diaghilev, se desintegran los Ballets Rusos, y esto provoca un bregar en la carrera artística de Balanchine, que peregrinó por varios proyectos: desde coreografías para películas, hasta efímeros contactos con importantes compañías tanto europeas como rusas. En 1933 funda Les Ballets, agrupación de breve existencia, para la que crea seis obras, entre ellas “Los siete pecados capitales de los pequeños burgueses” (1933), obra cuya trama ocurre en siete ciudades de Estados Unidos.
Por suerte para el genio Balanchine, conoce a otra persona que le proporcionará una nueva perspectiva de futuro profesional: Lincoln Kirstein; quien, en su deseo de formar y consolidar un ballet norteamericano invita a Balanchine a emigrar a Estados Unidos, llegando a Nueva York en octubre de 1933. Lo primero que hizo al llegar fue crear la School of American Ballet (SAB), esta institución inicia sus actividades en enero de 1934.
La primera coreografía que Balanchine creó en Estados Unidos fue “Serenata” (1934), con música de Chaikovski y estudiantes del SAB; esta obra se considera abstracta, ya que describe una trama musical y coreografía sin intención narrativa, aunque sugiere varias emociones humanas.
Luego, en 1935 el dúo inseparable Balanchine-Kirstein funda una agrupación llamada American Ballet que hace su debut en marzo, y se convierte rápidamente en la compañía oficial de la Ópera Metropolitana, aunque el proyecto terminó a sólo tres años de existencia. En 1941, unen transitoriamente el Ballet Caravan con el American Ballet dando como resultado al American Ballet Caravan, pero este proyecto también se desintegra, pese al trabajo y esfuerzos.
El posterior ensayo de Balanchine y Kirstein por crear una compañía de ballet llevó por nombre Ballet Society (1946). Para esta pequeña compañía Balanchine estrenó “Orfeo” (1948) entre algunas otras obras. Morton Baum, presidente del Comité Ejecutivo del New York City Center of Music and Drama invita al Ballet Society a ser su compañía de ballet residente, deviniendo así en el actual New York City Ballet (NYCB), cuya primera función se produjo el 11 de octubre de 1948, y de la cual Balanchine fue el maestro principal hasta su muerte.
Acerca de su obra
El pensamiento coreográfico de Balanchine es un crisol en donde se fusionaron distintas influencias que van desde el gran academicismo de Marius Petipa, pasando por la ruptura que instaura Mijail Fokine hasta uno de los vanguardistas del ballet ruso de los años veinte: Kasyan Goleizovski.
Diversos influjos condujeron a Balanchine a fundarse el concepto muy lúcido de que la danza es un arte definitivamente independiente y no secundario, por ello le brindó tanta importancia al movimiento en sí mismo por encima del argumento. De esta forma, él reclamaba a su público deleitarse con sus danzas y la música por su belleza intrínseca.
Además, él supo encontrar su propia personalidad artística, y así dar nacimiento al estilo neoclásico, o ballet abstracto, como también se le conoció durante algún tiempo, una forma en la cual se entrelazan la esencia del ballet ruso con la modernidad y sensibilidad dinámica para una audiencia estadounidense. Aunque, si bien el neoclásico fue el estilo que dio notoriedad, su trayectoria también exploró otros territorios en un amplio rango que va del clasicismo, pasando por ballet psicologista, hasta el expresionismo. Y es que Balanchine, tomó el ballet clásico de sus raíces de San Petersburgo y lo redefinió en un contexto totalmente diferente y sin trama alguna. De igual forma, otro rasgo fue el de otorgar igual peso coreográfico al cuerpo de baile que a los solistas.
Uno de los puntos distintivos en las coreografías de George Balanchine es la profunda interrelación entre el movimiento y la música. Si bien esta peculiaridad se encuentra ya en otros renombrados coreógrafos es en Balanchine donde se explota casi hasta el límite esta característica, pues el genio utiliza un amplísimo espectro musical que va de Bach a Xenakis.
A modo de desenlace
George Balanchine, coreógrafo que legó 425 piezas, muchas de ellas consideradas como obras maestras, tales como Los cuatro temperamentos, Tema y variaciones, Sinfonía en Do, Joyas, Agon y Sinfonía en tres movimientos”, fue también el creador de una de las más relevantes escuelas y una de las principales compañías del mundo.
Fue un genio sin precedentes, un arquitecto vanguardista de la danza, y así lo patentizan los cuantiosos reconocimientos que recibió a lo largo de su trayectoria. Entre ellos se pueden mencionar la condecoración de la Legión de Honor de Francia, el galardón del Kennedy Center, el ser miembro del Salón de la fama del entretenimiento en Hollywood, Caballero de la Orden de Dannegbrog, la medalla de oro de la Sociedad Nacional de Artes y Letras de Estados Unidos y de manera póstuma, la Medalla Presidencial de la Libertad, el máximo honor que puede ser concedido a un civil en Estados Unidos.
Murió en Nueva York el 30 de abril de 1983, pero su legado se mantiene latente como el primer día que puso sus ideas sobre los cuerpos, zapatillas y tablado.
Agosto de 2010 – Segunda Edición




