William Shakespeare
“La potencia creadora es el gran don de Shakespeare y comunica a sus palabras una virtud extraordinaria, haciendo ver en cada frase de un personaje el conjunto de sus cualidades y su carácter entero, con una entidad y una fuerza a la que nadie ha llegado aún”
Hipolyte-Adolphe Taine (1828-1893). Filósofo, historiador y crítico francés
Pasan los años pero él siempre permanece. Nadie ocupó su espacio de escritor. El poeta-filósofo, historiador con una capacidad para sumergirse a través de sus personajes en lo más profundo del alma y combinar tragedia, comedia, amor, ternura, odio y horror.
Nace el 23 de abril de 1564 en Stratford-on-Avon que con el transcurrir de los siglos sería la figura más alta de Inglaterra. Hijo de Mary Arden y de John Shakespeare, pequeño comerciante William cursó sus estudios en la Escuela Municipal sobresaliendo en las asignaturas de Gramática y Latín. Debido a la crisis económica por la que estaba atravesando la familia no pudo profundizar en el rico mundo de la cultura. Una de la causas de la penuria económica pudo haber provenido de su catolicismo, pecado grave en una Inglaterra religiosamente anglicana.
A los 15 años era carnicero y poeta a la vez dado que ayudaba a su padre. En su adolescencia escribía versos poco inspirados.
En una de sus borracheras conoce a Ana Hathaway con quien se casó teniendo tan solo 18 años cumplidos y ella 26. Tiene tres hijos pero desafortunadamente no puede hacerse cargo de las obligaciones familiares con lo cual se marcha de su casa.
Fue maestro de escuela, escribiente en la oficina de un Procurador y frecuentaba el teatro.
Se dispone de poca información precisa sobre su vida, hay documentación que asevera que fue procesado por “ladrón” y fue a ocultarse a Londres donde se dedicó a cuidar los caballos que sus dueños dejaban a las puertas de los teatros consiguiendo unas propinas para mantenerse.
En 1594 era actor y accionista de la Cía. de los Lord Chamberlain’s men. En 1598 se instaló en el Teatro del Globo y en 1613 viaja a Stratford.
Los biógrafos lo retratan como hermoso de ancha frente, de barba oscura, de aspecto dulce, de sonrisa amable y mirada profunda. De buena figura y buen rostro, inteligente, con vocación definida, insaciable curiosidad y sobre todo grandes dotes de observador convertirían al joven William primero en actor y en dramaturgo después. Su teatro, escrito para un público compuesto de agente del pueblo y aristócratas, sorprende por la variedad y vigor del estilo, la abundancia y diversidad de personajes social y sociológica. Los estudiosos no se explican cómo pudo conocer de forma tan perfecta las más intimas ingenuidades de doncellas en flor y la ferocidad del criminal o del ambicioso.
Shakespeare conjuga una facultad superior de fusionar aventuras, instintos, deseos dando realidad a lo que nunca existió. Es un don que lo hace único entre los poetas de la tierra, una omnipresente potencia creadora con una aptitud para observarlo todo, para no olvidar nada, combinando impresiones complejas dándoles forma y expresión.
En su teatro se pueden distinguir tres épocas: la juventud (1590-1600) marcada por un entusiasmo isabelino donde se destacan comedias ligeras y frescos históricos (Enrique VI, Ricardo III, La fierecilla domada, Romeo y Julieta, El sueño de una noche de verano, El mercader de Venecia, y otros); una segunda época (1600-1608) donde se alternan tragedias y comedias (Hamlet, Otelo, Macbeth y otros); a partir de 1608 escribe, El cuento de invierno, La tempestad, entre otros.
El gran dramaturgo y poeta muere el 23 de abril, día en que cumple los 52 años de 1616. Últimamente se alimentaba tan solo de bebidas alcohólicas.
Su casa que dejó en herencia a su hija Susana fue derribada en 1759 y en 1846 se levantó un museo dedicado a William que hoy subsiste.
Septiembre de 2010 – Primera Edición



