ESTADOS UNIDOS. Nuevas propuestas en Energía
La presidencia de Barack Obama está haciendo de la búsqueda por incentivar el desarrollo de nuevas medidas a nivel mundial que ayuden a frenar los efectos negativos del cambio climático una cuestión de prioridad nacional.
Al poco tiempo de asumir su mandato Obama, nombró a Todd Stern como nuevo embajador especial del país para cambio climático. Basta considerar sus declaraciones para notar un serio interés por parte del gobierno en hacer frente a esta realidad acuciante: “Con el nombramiento de un enviado especial”, dijo el ex presidente Clinton, “enviamos un mensaje inequívoco de que Estados Unidos será enérgico, estará enfocado, será estratégico y serio en lo que respecta a abordar el cambio climático global y el asunto corolario de la energía limpia”.
En 2004, el consumo de energía en Estados Unidos equivalía a unos 17.000 millones de barriles de petróleo, o 60 barriles per cápita. Cerca del 86 por ciento de los recursos energéticos del país provenían del petróleo, el carbón y el gas natural. Solo el 14 por ciento provenía de la energía nuclear y las energías renovables. El aumento de los precios del petróleo y la dependencia de fuentes extranjeras que proveían casi el 65 por ciento del petróleo crudo han intensificado la necesidad de conservar energía y de nuevas fuentes de energía. Además, el consumo de combustibles fósiles genera dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero. Por lo tanto, es imprescindible que las compañías estadounidenses se preparen para un mundo que presenta limitaciones de carbono.
En cuanto al sector energético, en la actualidad, Estados Unidos genera más del 50 por ciento de su electricidad en centrales operadas por carbón y dispone de abundantes reservas de carbón. Se resalta la labor emprendida por algunas compañías como: la empresa American Electric Power que está utilizando métodos innovadores que queman el carbón en forma limpia y retienen el dióxido de carbono; lo que ayudará al sector a aumentar la producción de energía causando menor daño al medioambiente.
General Motors está desarrollando automóviles propulsados por hidrógeno que no producen dióxido de carbono. Y la empresa IBM está desarrollando planes para conservar energía, reducir las emisiones de compuestos que contienen perfluoro, utilizar energía renovable, alentar a que los empleados utilicen métodos alternativos de viajar a sus oficinas y mejorar la eficiencia en la cadena de abastecimientos de la compañía.
La regulación gubernamental es uno de los principales impulsores de la política medioambiental. El crecimiento exponencial de las leyes medioambientales obliga a las compañías a anticipar y a hacer inversiones para satisfacer los nuevos requisitos incluso antes de que las leyes sean promulgadas
Los grupos ecologistas:
Más de uno de cada cinco estadounidenses se considera participante activo en algún movimiento ecologista. Las organizaciones ecologistas utilizan su influencia en la elaboración de reglamentos estrictos y también para ampliar el ámbito de reglamentación. Además de ejercer presión, estas organizaciones pueden tomar otras medidas que alienten a las compañías a optar por lo ecológico.
Muchos de los estatutos estadounidenses sobre el medio ambiente contienen una disposición sobre el “juicio ciudadano”, que permite a un ciudadano privado entablar un juicio contra una empresa por violar un estatuto, o contra la Agencia de Protección Ambiental por no cumplir con sus obligaciones conforme a las leyes medioambientales. Cualquier ciudadano puede presentarse ante un tribunal federal para impedir que una compañía viole las leyes federales pertinentes o las condiciones que impone un permiso, y obligar a la compañía a acatar estas leyes.
Hacia la sostenibilidad
Si bien ha habido fuerte crecimiento económico en Estados Unidos en las últimas décadas, el desempeño medioambiental fue mixto, según informó la Agencia de Protección Ambiental en su informe de 2007 sobre el medio ambiente: Report on the Environment: Highlights of National Trends.
Un aspecto en el que hubo mejoras es en las emisiones de sustancias químicas tóxicas. Según el informe de la EPA de 2005: Toxics Release Inventory (TRI): Public Data Release, las industrias estadounidenses descargaron 4.340 millones de libras de aproximadamente 650 sustancias químicas tóxicas en 2005. Más de la mitad de estas descargas son atribuibles a dos industrias: la minería de metales y las centrales eléctricas. El total de las emisiones químicas generadas en 2005 por las fábricas se redujo en 58 por ciento comparado con las emisiones que se generaron en 1988. Además, en 2005, cerca de la mitad de los residuos relacionados con la producción fue reciclada o convertida en energía.
Otro indicio de mejoras: los fabricantes estadounidenses invirtieron 14.600 millones de dólares en 1999 en gastos de capital de operación y reducción de la contaminación. Las compañías estadounidenses están empezando a ver a las tecnologías verdes como una fuente de ganancias y, en el 2006 exportaron más de 30.400 millones de dólares en tecnologías medioambientales.
Durante siglos, la degradación ambiental ha estado estrechamente relacionada con la industrialización. Como consecuencia, los directivos de empresas se han dado cuenta con el tiempo de que los asuntos medioambientales son una parte integral del bienestar económico de una compañía. Muchos ejecutivos creen ahora que la protección ambiental es esencial para el desarrollo sostenible y para crear un mundo mejor. La mayoría de las juntas directivas de compañías estadounidenses perciben la sostenibilidad como una responsabilidad de la empresa y también como una oportunidad.
Si bien en las últimas décadas las compañías han centrado su atención en el tratamiento y la prevención de la contaminación, la atención ha pasado ahora a las emisiones de dióxido de carbono y la energía alternativa, y esta tendencia continuará probablemente en el futuro. El precio cada vez más alto del petróleo crudo y la dependencia de un altísimo porcentaje del petróleo crudo importado están acelerando la necesidad de encontrar soluciones rápidas a estos problemas.
(*) Corresponsal de Ecuador
Agosto de 2010 – Primera Edición



