Tratamientos en adicciones: Mas allá de la Internación
Cuando nos enteramos que un familiar tiene un problema de adicciones lo primero es el desconcierto, luego nos preguntamos cómo enfrentar el problema.
Hay incertidumbres, producidos por resquemores, enojos, desconfianzas dadas porque el paciente mintió, robó dinero, objetos personales (TV, equipo de audio, etc.) para procurarse dinero para consumir o se han producido peleas llegando incluso a la agresión física.
Muchas veces motivados por el miedo y otras veces por casos que han tenido trascendencia pública (Charly García, Maradona, etc.) las familias y hasta el mismo paciente se encuentran asustados por esta problemática y vean a la internación como única salida posible.
Por todas estas cosas la familia cuando consulta por este tema pide una internación.
Si nos guiamos por estadísticas de la Encuesta Nacional sobre el Uso de Drogas y la Salud de la Administración de Servicios de Abuso de Sustancias y Salud Mental de EEUU, en el 2006, 23.6 millones de personas de 12 años en adelante necesitaron tratamiento para problemas de abuso de drogas ilícitas o alcohol (el 9.6% de las personas de 12 años de edad en adelante). De éstas, solamente 2.5 millones, es decir, el 10.8% de las personas que necesitaban tratamiento, lo recibieron en un centro de tratamiento especializado. O sea que la mayoría de las personas no fueron a un centro dedicado a trabajar sobre adicciones sino que lo hicieron en otros ámbitos
Pero al igual que en muchos tratamientos, la operación quirúrgica es el último recurso y se utiliza cuando otros han fracasado o cuando la situación es de tal gravedad que no es posible usar otra. Así, la internación en adicciones debe ser considerada como la última alternativa, debiendo extremarse los medios. Además debe ser lo más breve posible y por supuesto alcanzando los objetivos que en cada paciente fueron fijados. Esto es porque la misma conlleva un desarraigo por parte del paciente de su red social y afectiva.
El paciente al internarse muchas veces debe dejar inconcluso un ciclo lectivo, un trabajo, deja de estar con sus seres queridos, a veces padres o madres que tienen hijos menores de edad.
Por otra parte, los tratamientos ambulatorios han tenido en los últimos años un protagonismo cada vez más importante dado por un lado, a través de la aparición de nuevos psicofármacos que ayudan en mucho a reducir síntomas asociados de salud mental y a la ansiedad e impulsividad; y, por el otro, la aparición de nuevos enfoques terapéuticos, más orientados al manejo de los síntomas y a ayudar al paciente a conseguir control sobre sus impulsos mejorando su autonomía.
Así, tratamientos como hospital de día y/o de medio día, tratamientos ambulatorios intensivos (con grupos y talleres) ayudan a reducir el aislamiento del paciente manteniéndolo dentro de sus redes sociales y afectivas, con el consiguiente menor costo de desarraigo y pérdida de espacios y relaciones (trabajo, colegio, etc.).
La función del profesional, entonces, luego de evaluar tanto la situación del paciente y la de su red socio familiar es asesorarlos sobre las diferentes modalidades de tratamiento, sin basarse en preconceptos y sobre todo pensar las diferentes instancias asistenciales (Tratamiento ambulatorio, Comunidad terapéutica, internación por desintoxicación, internación breve, etc.) como un continuo, donde se puede pasar de una instancia a otra según la necesidad, sin juzgar si una u otra instancia implica un avance o un retroceso en el mismo.
Para el familiar y el paciente entonces, el tratamiento debe tener plasticidad en la toma de decisiones, las que deberán tomarse de acuerdo la evaluación de las diferentes variables intervinientes en cada momento (consumo, modalidad y cantidad del mismo, red socio familiar, características de la misma, riesgo o no para sí o para terceros, etc.).
Otra pregunta importante que se nos hace es acerca de la efectividad del tratamiento para la drogadicción. Estadísticas del NIDA (National Institute On Drug Abuse de los EEUU), nos hablan en general del tratamiento para la drogadicción exitoso tanto como el tratamiento de otras enfermedades crónicas, como la diabetes, la hipertensión, y el asma, por lo que se le da importancia a su vez al control y al seguimiento periódico por parte del paciente. (Ver cuadro 1)
Otro punto a evaluar además de parar el uso de drogas es el hecho que el individuo vuelva a funcionar productivamente dentro de la familia, el trabajo y la comunidad. A su vez tenga menos problemas de salud asociados, deje de tener conductas nocivas para sus vínculos como por ejemplo la violencia.
Incluso los últimos estudios hablan de una recuperación de áreas cerebrales cuando el paciente realiza un tratamiento por el consumo de sustancias psicoactivas (ver cuadro 2).
Así las maneras de medir la eficacia del tratamiento típicamente incluye no solo la disminución o abstinencia sino también estas dimensiones y esto es lo que nos permite ser más optimistas en relación a los resultados.
Cuadro 1. Recaídas al dejar el tratamiento
Cuadro 2.
(*) Psicólogo UBA. Máster en Drogodependencia de la Universidad del Salvador. Jefe de Servicio de Adicciones del Hospital José María Jorge de Burzaco. Director terapéutico del Centro Rivadavia, tratamiento ambulatorio de adicciones, Capital Federal.
Octubre de 2010





