Inflación: Un problema que aún sigue en pie
El Economista, Director del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE) y ex director del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), Víctor Beker, estimó que a partir de julio habrá “una disparada de los niveles inflacionarios”, y que este año finalizaría con un incremento de precios del orden del 27%. Asimismo, admitió que una parte de los aumentos salariales que se están cerrando se trasladará al consumidor, y enfatizó que “todo indica que se está armando una bomba de tiempo que tendría que estallar después de las elecciones”. En relación al canje de deuda, opinó que “quizás algo falló en el mecanismo de venta”, a juzgar por el bajo nivel de aceptación parcial que se logró en la etapa de ingreso de tenedores institucionales.
Beker resaltó que, por razones estacionales, el segundo trimestre debería mostrar una inflación más baja a lo que se vio durante la primera parte del año, y pronosticó para mayo y junio niveles del 1 al 1,5%. Sin embargo, advirtió que podría haber un avance a partir de julio, “cuando empezarán a sentirse los aumentos de precios motorizados por los aumentos salariales”. Al respecto, comentó que las actuales paritarias se están negociando “no en base a recuperar la inflación pasada, sino en base a la previsión de inflación para el próximo período, por lo cual los gremios -que evidentemente no se manejan con las estadísticas del INDEC- están previendo un nivel de inflación de por lo menos el 30%, y solicitan incrementos en consecuencia”, explicó.
El experto indicó que al estar homologados dichos acuerdos salariales por el Ministerio de Trabajo, es un hecho que ni las autoridades nacionales, ni los sindicatos y empresarios toman en cuenta los números oficiales a la hora de discutir salarios. “Cada uno tiene su propia estimación (de inflación) y, como siempre ocurre cuando se destruye la medida de inflación, cada uno agrega algunos puntos más, por las dudas”, lamentó.
Consultado sobre el impacto de los incrementos salariales superiores al 30% que se están firmando, el economista reconoció que una parte de esos aumentos se trasladará inevitablemente a los precios, y vinculó esta consecuencia con la aparición de restricciones a la importación de alimentos importados. “Dado que los precios internos van a subir porque se van a trasladar parte de los incrementos salariales, el peligro es que empiecen a proliferar los productos importados más baratos, y por eso, aparentemente el acuerdo ha sido que (los empresarios) den los aumentos salariales, que los trasladen a precios, y se les quita la competencia externa”. Para Beker, estas barreras a la importación son parte “de una política concertada en la que aparentemente se avalan estos aumentos salariales y en los casos donde puede haber problemas de competencia externa, la idea es poner alguna traba a la importación”.
Sin embargo, el ex funcionario del INDEC aclaró que el origen de la inflación “no está en los aumentos salariales, sino en un crecimiento de la masa monetaria muy superior al que es absorbido vía superávit primario, lo que genera un desequilibrio que va al mercado de bienes y presiona al alza a los precios”. También remarcó que si bien es “imperioso” implementar medidas para atacar la inflación, “primero se necesita un sinceramiento del Gobierno acerca de cuál es el guarismo, porque ninguna política anti-inflacionaria se puede implementar si se rompió el termómetro”. Beker recalcó que se requiere “una firme decisión de utilizar todos los instrumentos económicos, y no necesariamente se requiere un ajuste tipo shock, sino que se requiere una política concertada en la que la política monetaria, la fiscal, y la cambiaria, estén alineadas en torno a un objetivo inflacionario, que sería hoy bajar la inflación a 15 a 18%, y al mismo tiempo, un acuerdo de precios y salarios que aspire también a esa meta”. Por ahora, “el Gobierno está manejando en este momento una sola variable para enfrentar la inflación, que es tener planchado el tipo de cambio”, dijo.
A la vez, alertó que desde fines de abril se está observando “una política monetaria más restrictiva del Banco Central, y una recuperación importante en los ingresos fiscales”, fenómeno que “si marcara una tendencia, podría indicar que el Gobierno no dice lo que hace: ir ajustando las cuentas fiscales y, por otro lado, la emisión monetaria, para poner paños fríos sobre el proceso inflacionario”, resumió. “Todo indica que se está armando una bomba de tiempo que tendría que estallar después de las elecciones y cualquiera sea el signo político del próximo gobierno, habrá deberes bastante duros para llevar adelante: poner coto a la inflación, eliminar una cantidad de subsidios, ajustar tarifas”. Estos temas pendientes se han venido postergando por mucho tiempo “y seguramente se van a seguir postergando hasta octubre del año que viene”, señaló.
Junio de 2010



