El límite social a los precios
2010 será otro año con un incremento de los precios al consumidor superior al 25% y con tendencia a seguir creciendo. Sin embargo, llama la atención que dicha tasa de inflación no haya provocado mayores tensiones sociales; más aún, el tema no aparece entre los 3 primeros problemas del país en las encuestas de opinión.
Tampoco se percibe que los aumentos de precios se reflejen en un importante descontento en los sectores que a priori deberían ser los más perjudicados: los trabajadores informales y los desocupados.
La respuesta estriba en que hasta ahora toda vez que los incrementos de precios dejan rezagado a algún sector de la sociedad, éste recibe una compensación que recompone su situación.
Así, las últimas paritarias han significado incrementos salariales iguales o incluso superiores a la tasa de inflación, se actualizan semestralmente los haberes jubilatorios, se estableció la asignación universal por hijo para los hogares de menores ingresos y para los que no acceden al mercado laboral formal, etcétera.
Claro está que todos estos mecanismos de compensación -ya sea porque incrementan costos o porque generan déficit fiscal- actúan acelerando la inflación. Es como un perro que se muerde la cola girando a velocidad creciente.
Mientras ningún sector permanece postergado sine die la inflación resulta socialmente tolerable.
La inflación se ha venido duplicando, en promedio, cada dos años y medio. Pasó del 3,7% en 2003 al 27% que estimamos será la de este año.
La incógnita es saber cuál es el techo de inflación que la población está dispuesta a soportar.
Fte: Diario Perfil
(*) Director del Centro de Estudios de la Nueva Economía de la Universidad de Belgrano. Ex Director de Estadísticas Económicas del INDEC
Noviembre de 2010



