Dentro del lobo
Vivimos en una historia sin igual. Perseguidos por el devenir del tiempo. Atosigados por la coyuntura que nos acompaña eternamente con circunstancias ajenas que por la magnitud las hacemos propias. Así las cosas no podemos detenernos en el camino que previamente está fijado por el otro que nos acondiciona a su tiempo desconociendo el nuestro.
Nunca somos nosotros los protagonistas sino meros espectadores amontonados cíclicamente dentro de las componendas externas.
Desde muy adentro en nuestro fuero íntimo aprendemos a teatralizar nuestra propia historia que se combina con la historia del otro comparando el obrar de ambos. De esta manera descuidamos el objeto principal que teníamos en mira porque nos alineamos de lleno a las filas de quien nos mantiene enlatado en su proyecto.
En el decir de Thomas Hobbes que el hombre es lobo del hombre pareciera que ya estamos asignados en forma rutinaria a convivir con el que a la larga nos acondiciona amordazándonos aunque sea en forma amorosa.
¿Seremos capaces de revertir al menos por un instante esta consigna o será que somos nosotros mismos quienes elegimos de antemano nuestro propio lobo?
Agosto de 2010 – Segunda Edición


