Una mirada hacia nosotros mismos
Ha llegado la hora de abandonar el Arca de Noé. Embarcados desde centenares de años, hemos estado navegando a tientas respondiendo a brújulas equivocadas.
Ayer, fue Europa la elegida, la codiciada, el gran modelo. Nuestros ancestros vistieron con las ropas arquitectónicas francesas, inglesas e italianas las grandes ciudades. Más tarde, se encargó EE.UU. de conquistarnos y endeudarnos siendo subyugados por su tecnología informática; prestos a ser consumidores crónicos. Hoy es el mundo computarizado el que nos involucra en un maremágnum indescriptible de “posibilidades” a las que no siempre podemos acceder.
Historiamos el futuro confirmando de antemano las estadísticas programadas por las consultoras que marcan la decadencia económica. Avizorados de estas noticias venideras tomamos precauciones e invertimos en el exterior, provocando la fuga de capitales.
En definitiva nuestro temperamento se asemeja al alertado por Adam Smith y Thomas Malthus al argumentar allá por los siglos XVIII y XIX que la cantidad de tierra disponible no aumentaría indefinidamente mientras que una mano de obra cada vez más abundante llegaría a agotar la tierra de mayor calidad primero, y la de menor calidad después; de esta manera “pesimista”, la población dejaría de aumentar y la economía se estancaría.
Detengamos la nave de los desalientos. El “No” es gratuito. Bajemos en busca del “Sí”. Entremos al nuevo capítulo de la historia argentina, mirando desde adentro y para adentro. Allí descubriremos que nuestras tierras son fértiles, que nuestros jóvenes son despiertos e inteligentes, que los anónimos son los que construyen la piedra fundamental de la Nación. Debemos estar persuadidos que descubriendo los talentos naturales encubiertos lograremos potencializar nuestra autoridad hacia el mundo exterior.
Septiembre de 2010 – Primera Edición


