¿Encontramos la felicidad?

El pensamiento aristotélico afirma que todas las cosas tienden a bien y que las actividades tienen un fin soberano y último, las que no lo tengan carecen de sentido.

Ahora bien, entendiendo que el fin de los fines es la felicidad, descubre que ésta varía según las distintas vidas y toma diferentes significados. Así, es un placer para los que aman la vida voluptuosa, otros, los más refinados, piensan que está presente al recibir honores, para los hombres de negocios será la riqueza y para los que practican el ocio será la vida contemplativa.

En definitiva, la felicidad es lo perfecto y suficiente que determina el tipo de actividad y cuál es de todas las virtudes la más alta y la más perfecta. La virtud es la excelencia en el hacer mismo, que se logra al alcanzar la felicidad.

La felicidad es una actividad del alma de acuerdo con la virtud. Es estable, no es inconstante ni variable. El hombre bueno y prudente soporta las vicisitudes de la fortuna y obra de la mejor manera posible en sus circunstancias. Jamás será desgraciado el hombre feliz.

La política es la ciencia que permite conocer al bien supremo porque su fin es un bien propiamente humano y el fin de ese bien es la felicidad. El fin de la Política es el mejor ya que pone el mayor cuidado en dotar a los ciudadanos de cierto carácter y hacerlos buenos y capaces de acciones nobles.

Los tiempos cambiaron pero no los principios, para sacar a una sociedad del caos, sus conductores políticos deberían construir sus obras sobre las bases o principios que emergen de la “Ética a Nicómaco” libro que Aristóteles dedicó muy especialmente a su hijo.

Octubre de 2010