Suicidio Altruista

 

Todo comenzó el 17 de diciembre con el intento de suicidio de Mohamed Bouazizi, un joven de 26 años, a quien la policía le confiscó su instrumento de trabajo: una modesta carretilla con la cual él vendía frutas y legumbres. Titular de un diploma universitario, sin trabajo, la venta callejera era su único medio de subsistencia. Desesperado por esa pérdida, se roció sus ropas con gasolina y se prendió fuego. Su muerte se produjo días después, el 4 de enero, como resultado inevitable de sus graves quemaduras.
Esta noticia desbordó al mundo árabe provocando un quiebre fatal en la juventud que se hizo sentir de tal manera que contagió a los pueblos colindantes.

Nada es casual, hace tiempo que el corazón de ese joven guardaba una herida que terminó siendo mortal dando vida a la liberación total de la sociedad.

Nadie está libre de llegar a un límite de desconcierto que trae aparejado el desenlace fatal sin quererlo. Asfixiados del tiempo que les toca vivir, oprimidos por el sistema, mentidos por sus gobernantes que con su actuar perverso llevan a provocar aunque indirectamente la destrucción de todo tipo de proyecto, de toda esperanza.

Cambiaron los tiempos, los jóvenes no necesitan estar amparados por quienes pretenden representarlos a costa de determinados pactos que en definitiva en ningún tiempo los favorecerá; hoy están equipados, las vías de comunicación cambiaron, las redes sociales se transformaron en cadenas impensables para el ojo humano que no tiene límite, es incontrolable.

El discurso del político fracasó, las ponencias preparadas de los dirigentes dejaron de ser.  Los jóvenes que se preparan pretenden ser escuchados no amasados en el delirio del poder de turno. Los colegios y las universidades no están sometidas al liderazgo del maestro o profesor, hoy son los alumnos los que cuestionan los métodos de estudios y si no son respondidos recurren al internet para complacer en forma autónoma la totalidad del tema en cuestión y no conformarse con la parcialidad o con el punto de vista de quien dicta la clase.

Todo cambió. Si no queremos replantear estos cambios seguiremos entramados en la burbuja del engaño,  los jóvenes ya saben que el Rey está desnudo, ya no hay forma de vestirlo.

Si las campanas electorales estarán acopladas con frases célebres repetidas, con marchas del siglo pasado, con los slogan creados por personajes carismáticos que ya están muertos, con pretendidas promesas que empíricamente serán imposibles de ser cumplidas, con amenazas recurrentes al poder de la palabra, con una oposición que no es capaz de ponerse de acuerdo entre pocos lo que implica no estar preparados para la gran batalla cual es gobernar una nación toda, seguro que no nos dimos cuenta que ese no es el camino, que los jóvenes quieren estudiar para trabajar dentro de su país y no para emigrar, que el fruto del aprendizaje lo quieren trasladar sobre el norte y el sur, sobre el este y el oeste de nuestro país, que no quieren inmolarse, solo quieren participar del tesoro que les brinda semejante territorio, el que tiene toda la riqueza, todos los climas.

Siglo XXI dejemos el aglomeramiento numérico que traen gastos innecesarios, se terminó la  arenga efusiva, dejémoslo para las canchas de fútbol que son divertimentos pasajeros, tratemos de informar a nuestra juventud que es el futuro y no formarla de acuerdo a nuestras desprolijidades del pasado, invitémoslos a vivir el hoy con cambios estructurales y planificación certera económica, social, cultural que provoque en cada uno el cumplimiento de su propio proyecto y no el del gobierno de turno.

 

Marzo de 2011, Primera Edición