Gaddafi: el polémico aliado de Italia se acerca a Europa

Por Juan B. Scartascini del Río (*)

Roma, junio de 2009, el verano mediterráneo se acercaba a la ciudad eterna junto con las típicas oleadas de turistas que año a año llegan de todo el mundo. Con a ellos, y en no menor carácter de viajero, el líder libio Muammar al-Gaddafi sellaba una alianza estratégica con la siempre estridente Italia de Silvio Berlusconi. Las calles romanas de pronto se llenaron de jaimas, las tradicionales carpas nómadas que usualmente acompañan al líder libio en sus visitas de estado.

El panorama era ciertamente llamativo. El nómada e ilustre visitante llegó con tres aviones, guardaespaldas femeninas, y ataviado con un extraño uniforme de gala militar típicamente occidental y no menos histórico, de la cual pendían un sinnúmero de condecoraciones e incluso un pequeño portarretrato, minuciosamente adosado en la mitad derecha de su pecho. La antigua foto en blanco y negro mostraba el arresto en 1931 del antiguo líder de la guerrilla libia Omar al-Mukhtar por las fuerzas de ocupación italiana.

De esta manera, con toda la excentricidad y el eclecticismo que caracteriza al Coronel Gaddafi, “Líder Fraternal y Guía de la Revolución”, ocurría la primera visita formal a Italia del dirigente libio a su antiguo poder colonial, una visita en la cual el propio hijo de Mukhtar acompañaba a Gaddafi, quien sería recibido con honores por el no menos polémico premier italiano, Sivio Berlusconi.

Así se sellaba la estruendosa amistad ítalo-libia, lazos de cooperación política y económica que se remontan a 2008, momento en que se firmara el Tratado de Bengasi, por el cual el Estado italiano se compromete a pagar 5 mil millones de euros a lo largo de 5 lustros al estado nor-africano en carácter de “compensación histórica” por la ocupación militar que se extendió hasta 1943. A cambio, Libia se compromete a tomar medidas concretas para combatir la inmigración ilegal desde sus costas, permitiendo incluso el patrullaje italiano de las mismas; además de fomentar la inversión en las empresas italianas, país el cual se ha convertido el mayor socio comercial de Libia.

Las carpas prontamente se desmantelaron, y luego de un par de visitas formales en las cuales se dedicó a maldecir a Estados Unidos y equipararlo con Bin Laden, y hasta incluso afirmar que las dictaduras no son un problema si hacen bien a la gente, Gaddafi satisfecho retornó a Trípoli. La polémica permanecería un tiempo ciertamente más prolongado.

Los estruendos volvieron este verano conforme Gaddafi retornó a la ciudad eterna. Las carpas esta vez se redujeron a los jardines de la embajada libia en Roma, y el atuendo arabesco de color café, era ciertamente más coincidente con su raigambre islámica. Esta vez el fin era reafirmar la alianza y el “partenariado” entre ambas naciones, y a su vez promover los profundos lazos económicos. De hecho, el país magrebí representa para Italia una más que interesante opción diversificadora de su matriz energética, más allá de representar Libia, un atractivo mercado para con quien se ha intercambiado más de 40 mil millones de euros en los últimos dos años.

Asimismo, la inversión libia en la península se esparce a lo largo y ancho de la misma, incurriendo en actividades tan diversas como la tradicional e histórica banca italiana, la infraestructura y el fútbol, quizás el primer “ambiente benévolo” que encontrara tiempo atrás Gaddafi en el viejo continente, habiendo incluso observado la participación de uno de sus hijos en más de un club líder del continente; con poca trascendencia y obviamente menos brillo.

Firmas como Unicredit Banca, Banca di Roma, Fininvest, la empresa de energía ENI o el club Juventus, poseen un importante capital accionario a cargo del Coronel, líder de la revolución, antiguamente terrorista y enemigo de occidente; hoy considerado aliado cercano quien se encargará de detener ordas de africanos desesperados por un mejor porvenir en el viejo continente.

Siempre polémico

En la visita del 30 y 31 de agosto pasado, las polémicas ciertamente no estuvieron ajenas. La visita celebraba el segundo aniversario del Tratado de Amistad entre Italia y Libia firmado en Bengasi en 2008 e incluía una cena de gala para 500 comensales y una demostración ecuestre. Aunque los motivos no justificaban mayores problemas de agenda, el líder libio aprovechó la oportunidad para difundir el Islam de manera no menos polémica y estridente, y mostrándose acompañado por el primer ministro Berlusconi gustoso de participar de la “giornatta dell’amicizia italo-libica ”.

Gaddafi, en sus dos días paseó por la antigua capital occidental, dio dos conferencias sobre el islam ante cientos de mujeres italianas jóvenes reclutadas por una agencia de modelos y a las que se pagó para asistir a la plática. Gaddafi les entregó copias del Corán y les instó a convertirse. La crónica señala que, según las asistentes, tres jóvenes se convirtieron al islam en la presentación.

Las respuestas de gran parte del espectro político, social y religioso italiano no se hicieron esperar. Legisladores de la oposición, líderes de izquierda y políticos que apoyan al Vaticano criticaron por igual a Gaddafi y al Gobierno por no protestar por su comportamiento. El propio presidente de la Unión de Demócratas Cristianos, Rocco Buttiglione, comentó irónicamente al diario La Repubblica que si tuviera que ir a Libia para tratar de persuadir a los musulmanes a convertirse al cristianismo, seguramente no regresaría en una sola pieza. De igual modo, el pequeño partido de derecha “Italia de los Valores” protestó frente a la embajada libia, y uno de sus máximos exponentes -el senador Stefano Pedica- señaló que Gaddafi se está burlando de Italia desde el momento en que bajó del avión.

Asimismo, grupos defensores de los derechos humanos han criticado el pacto entre Gaddafi y Berlusconi. Desde Human Rights Watch se lo ha señalado como un trato sucio que permite a Italia descartar los migrantes y solicitantes de asilo en Libia y así eludir sus obligaciones. Por su parte, Amnistía Internacional ha mandado una carta a Silvio Berlusconi en la que le pide afrontar con Gaddafi el incómodo tema de los derechos humanos, recordándole las “graves violaciones” de las leyes internacionales que cada día se cometen en Libia.

De igual modo, más de una luz de alerta se ha prendido en Bruselas, aduciendo que Gaddafi puede ir por más e incluso solicitar un monto de ayuda similar al bloque, bajo la promesa de un férreo accionar contra la inmigración africana. El propio Franco Frattini, Ministro de Asuntos Exteriores de Italia y otrora Comisario europeo por la Justicia, la Libertad y la Seguridad defendió la alianza, cooperación y amistad entre Italia y Libia cimentada en el jugoso paquete de ayuda económica. El tema ya está en la palestra y será uno de los ejes principales a ser discutidos en la cumbre Euro-Africana de noviembre próximo, a organizarse en la mismísima capital Libia.

(*) Director General de Observanto

Septiembre de 2010 – Primera Edición