ECUADOR: Reflexiones sobre la crisis

Por Adriano Bosoni (*)

Los recientes episodios de violencia en Ecuador permiten numerosos ángulos de análisis. A continuación, repasaremos las causas inmediatas, la manipulación política, el papel de los vecinos y el balance de una crisis que tuvo en vilo a todo un continente.

Las causas inmediatas. Desde hace meses, el gobierno ecuatoriano se ha propuesto sanear las finanzas de la administración pública, eliminando sobresueldos, bonos y diferentes clases de privilegios que gozaban los empleados estatales. A comienzos de septiembre, el oficialismo impulsó la llamada Ley de Servicio Civil, que reduce este tipo de beneficios de los funcionarios.

Alertados ante lo que percibían como un ataque contra sus intereses, la Policía y el Ejército le reclamaron al gobierno que eximiera a ambas instituciones de los recortes previstos por la Ley. Pero Correa se negó a realizar esta concesión y la norma se aprobó como había sido concebida originalmente. Ello desató las violentas protestas que tuvieron su epicentro en el Regimiento Quito y que derivaron en el virtual secuestro del presidente durante nueve horas.

La manipulación política. No está claro si la revuelta policial constituyó un complot armado con la expresa intención de deponer al presidente. Pero es evidente que, con la protesta en marcha, hubo sectores de la oposición que intentaron sacar provecho de la situación. Ello se ve claramente en la reacción del ex presidente Lucio Gutiérrez, quien exigió la disolución de la Asamblea legislativa y pidió que se llamara a elecciones presidenciales.

Esta actitud resulta negligente para el líder de un partido político que, en teoría, debería defender el orden constitucional. De todos modos, los antecedentes no acompañan a Gutiérrez: antes de ser elegido por los votos en 2003, el ex militar había intentado hacerse con el poder mediante un golpe de Estado.

También resulta significativo el comportamiento de otros sectores opositores a Correa, quienes no solamente negaron que el presidente estuviera secuestrado, sino que se apresuraron a pedir una “amnistía” para los sublevados cuando todavía se estaban produciendo combates en el centro de Quito. En este marco es curioso el silencio de los grupos indígenas, que apoyaron a Correa en 2007 pero que desde hace tiempo están distanciados del mandatario.

El papel de los vecinos. Como viene ocurriendo en las últimas crisis que se produjeron en la región, los líderes sudamericanos se apuraron por demostrar su pleno apoyo a Correa. Particularmente interesante resultó el accionar de la UNASUR, el punto de reunión donde las naciones sudamericanas buscan resolver los problemas sudamericanos. Al igual que en 2008 cuando salieron a respaldar a Evo Morales ante los episodios de violencia que se desarrollaban en Bolivia, los países de la Unión de Naciones Sudamericanas se reunieron de emergencia para dar un mensaje claro: la región no tolerará ningún intento desestabilizador.

Repitiendo el esquema que ocurrió tras el golpe en Honduras, la UNASUR fue velocidad allí donde la OEA fue vacilación. En cuestión de horas, los principales presidentes de Sudamérica viajaron a una reunión de emergencia de la Unión en Buenos Aires y expresaron su apoyo a Correa. Una vez más, la institución sudamericana mostró mayor capacidad –y voluntad- de reacción que la entidad panamericana.

El balance. Sudamérica puede dormir tranquila: pese a que la crisis por momentos fue grave, la legalidad institucional resultó victoriosa en Ecuador. Quien no puede dormir con calma es Correa, ya este episodio necesariamente deberá encender una luz de alarma en el gobierno.

Por un lado, porque quedó claro que existen sectores de la sociedad que no están conformes con el estilo personalista y combativo del presidente. Un estilo que a menudo avasalla a las demás instituciones legales y prefiere la imposición por sobre el diálogo. Por el otro, porque el fantasma de la violencia y la inestabilidad regresó durante varias horas a un país que creía haber dejado esa etapa en el pasado.

Entre 1997 y 2007 Ecuador vivió una larga crisis social y política, con una decena de presidentes que llegaban con promesas de cambio y se iban en medio de protestas populares y colapsos institucionales. Con el arribo a la presidencia de Correa pareció que el país había logrado superar estos traumáticos años. Queda en manos tanto del gobierno como de la oposición la posibilidad de que esta revuelta policial haya sido un episodio aislado o represente el comienzo de una nueva etapa de conflictos.

(*) Editor General de Observanto

Octubre de 2010