La verdadera goleada que afronta la Argentina
Los hechos son elocuentes. Tal vez en cualquier otro país cierto tipo de decisiones provocara más revuelo, pero no en la Argentina. Al finalizar la semana, la Casa Rosada resolvió apropiarse de 770 millones de pesos para seguir manteniendo congeladas las tarifas de consumo de electricidad. Cuando firmó esta nueva “reasignación” de recursos, Aníbal Fernández le estaba sumando 470 millones de pesos a la tesorería de Cammesa, la compañía que subsidia el combustible de las centrales eléctricas argentinas, además de habilitarle 300 millones de pesos para gastos corrientes de la estatal Enarsa.
De este modo, el gobierno de Cristina Kirchner persevera, inmutable, en su decisión estratégica de conservar intocables las tarifas eléctricas, un disparate político y financiero cuyos costos integrales son cada vez más angustiosos.
CREATIVIDAD
Fernández puso su firma al pie de una de las clásicas “decisiones administrativas” de la Jefatura de Gabinete, en este caso la nº 450, que se publicó el jueves 1º de julio en el Boletín Oficial.
Con este procedimiento unilateral, que de hecho violenta en esencia el procedimiento pertinente (las partidas son asignadas por el Congreso cuando aprueba el presupuesto nacional), el Jefe de Gabinete, se valió de las facultades especiales delegadas por la mayoría oficialista en el Congreso para reasignar partidas, algo de lo que ha venido usufructuando el kirchnerismo hace muchos años, para inyectarle a la compañía administradora del mercado eléctrico (Cammesa), esos casi 500 millones de pesos que, a su vez, terminan compensando pálidamente a las distribuidoras, ratificándose la decisión oficial de que las clases altas y medias sigan siendo premiadas por la energía eléctrica más barata de toda la región.
El dinero movido por la Casa Rosada es básicamente usado para financiar adquisiciones de gasoil y fueloil, que CAMMESA distribuye a las compañías privadas que generan la electricidad. De esta manera, se consolida la decisión oficial de que ese combustible, subsidiado por los recursos públicos manejados por el Gobierno, sea su instrumento efectivo para mantener en el freezer las tarifas de luz que pagan los consumidores.
Fue imposible seguir de cerca, en pleno estado de hipnosis mundialista por la actuación del equipo de futbol representativo de la Argentina que capotó ayer en Sudáfrica, a qué se dedica y cómo se maneja el Gobierno en cuestiones centrales.
Si se advierte que en mayo la Casa Rosada ya había inyectado 1.100 millones de pesos al sector eléctrico, al terminar el primer semestre de 2010 el Gobierno ya lleva destinados 1.770 millones de pesos a esa actividad, valiéndose de una “contabilidad creativa” de inagotables matices, mediante estas decisiones que -además de la firma de Fernández- son suscriptas por el ministro de Planificación, Julio de Vido, y el de Economía, Amado Boudou.
AUDACIAS
Aquí es donde se aprecia el ángulo más interesante para entender el método y los procedimientos de un Ejecutivo que si bien no ha disuelto formalmente el Congreso, se maneja como si ese poder constitucional fuese un escollo formal. Como los números de alguna manera tienen que cerrar, el Ejecutivo solventó los nuevos subsidios a Cammesa, rebanándole 474 millones de pesos ya presupuestados a la empresa que opera las centrales nucleares Atucha I, II y Embalse, Nucleoeléctrica, la firma estatal que las administra.
De acuerdo con la Asociación Argentina de Presupuesto (ASAP), estas inyecciones -añadidas para seguir asegurando una electricidad falsamente barata- implican un aumento del 7% respecto de lo que ya se había destinado previamente a subsidiar a Cammesa. Esta administradora del mercado eléctrico ya había confesado su verdadero nivel de gastos antes de terminar el quinto mes del año, mayo, cuando confesó haber apelado al 64% del dinero que se le había asignado para todo 2010.
Es un pozo sin fondo, porque, pese al pulmotor de un Gobierno que no quiere que se cobren tarifas reales en este sector, Cammesa sigue en una penuria estructural. La empresa se encarga de cobrarle a las distribuidoras, como Edenor y Edesur, y luego distribuye esos montos entre las productoras de energía eléctrica, sin que se haya impedido lo que los peritos denominan secamente “fuerte situación de desfinanciamiento”, una realidad que ya sumaba a principios de 2010 a casi $ 2.000 millones.
No hay vuelta que darle: ese déficit de Cammesa y de toda la actividad eléctrica es, en esencia, producto del atraso en las tarifas si se las contextualiza con lo que cuesta en la vida real fabricar electricidad. Las empresas generadoras de energía revelaron que en 2009 la demanda pagó el megawatt de energía (Mw) un promedio $ 54, pero ¿Cuál fue el costo de producir ese megawatt? Cifra demoledora: $ 164, razón que explica el déficit de 15.000 millones de pesos el año pasado, desequilibrio que en 2010 terminaría rondando los 20.000 millones de pesos.
La Argentina asiste, así, a los resultados de un ejercicio imperial de la gestión de los recursos populares. Las “reasignaciones” de partidas, así como los decretos de necesidad y urgencia firmados por el jefe del Estado, los Kirchner han reacomodado desde 2003 el destino de unos 150.000 millones de pesos que el Presupuesto Nacional destinaba a otros fines. En medios opositores, se maneja la cifra de unos 80.000 millones de pesos a ser “reasignados” en 2010 si el Senado no logra ponerla una valla a las decisiones presidenciales de manejare a su antojo los recursos de la Nación.
Un contundente ensayo de Gabriela Navarra en El Cronista Comercial revela que dos terceras partes de los fondos no previstos en el Presupuesto Nacional fueron ejecutados mediante de decretos firmados en los cinco primeros años por Néstor Kirchner y, en los últimos dos, por su esposa, Cristina Fernández. “En promedio, el Gobierno reasignó la quinta parte de los recursos disponibles cada año sin intervención del Congreso”, demuestra Navarra.
Solo en 2007 –cuando Néstor Kirchner aseguro su continuidad a través de su cónyuge- el 30 por ciento de los ingresos del Estado tuvieron asignación diferente a la establecida, porque casi 35.000 millones de pesos fueron desviados por decisiones unilaterales de Kirchner y de su Jefe de Gabinete, Alberto Fernández, casi en partes iguales: 16.000 millones derivados por el Presidente y 19.000, por el hoy desafortunado funcionario.
Por eso, tras la bocanada de realidad que supuso el 4-0 de ayer en Ciudad del Cabo, lo que importa en serio es que este sistema despótico y anti-republicano comenzó a ser cuestionado con verdadera posibilidad de ser modificado, cuando la Cámara de Diputados votó la semana pasada, un al proyecto de ley para devolverle al Congreso la atribución de establecer las modificaciones en los destinos del dinero que siete años de kirchnerismo delegaron en la Casa Rosada, pese a que el oficialismo se afanó infructuosamente para preservar al menos las atribuciones del Jefe de Gabinete para hacer malabarismos con hasta el 5% del Presupuesto.
El texto votado por la mayoría opositora en Diputados estipula además que el Ejecutivo “no podrá dictar Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU) ni resoluciones para incrementar los créditos presupuestarios sobre la base de los excedentes de recursos y la incorporación de nuevas fuentes de financiamiento”.
DESOLACIÓN
En el primer año completo de su presidencia, 2004, Néstor Kirchner modifico, con su lapicera presidencial, el destino del 15% del presupuesto de ese ejercicio, cuadriplicando los cambios del tímido e inicial 2003. Ya en 2006, los DNU de Kirchner alteraron el destino de un 20% del presupuesto de ese año, gracias al bolígrafo generoso del Alberto Fernández.
Las elecciones de 2007, en las que el 45% del electorado se pronuncio por la continuidad presidencial de los Kirchner, determinaron un record, porque casi el 30% del ejercicio presupuestario fue sometido a la cirugía estética de la Casa Rosada.
El diputado Claudio Lozano, de Proyecto Sur, hizo los números: “la discrecionalidad (del Gobierno) se fue consolidando en los últimos tres años. Sólo entre 2007 y 2009 se produjo el grueso de las modificaciones presupuestarias, con 106.000 millones de pesos sobre los 150.000 totales de todo el período de gobierno kirchnerista”.
Los cuatro goles de la formidable selección alemana son números que todos entendieron, al revelar la clara inferioridad albiceleste. Estos números, los que revelan una mezcla letal de irracionalidad y arbitrariedad no pertenecen al mágico (y a menudo tóxico) mundo del fútbol, sino a la dura realidad, un escenario que terminara imponiéndole a la Argentina resultados mucho más desoladores que los de la Copa del Mundo de Sudáfrica.
www.pepeeliaschev.com
(*) Fte. EL DIA
Julio de 2010



