La oración como instrumento de liberación

 

 

Mateo 18:18De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, habrá sido atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, habrá sido desatado en el cielo.

 

Muchos hombres y mujeres llevan sobre sí cargas pesadas día y noche. Están tan cargados porque no han orado.

Una vez que se abre el grifo, el agua fluye; pero cuando se cierra, el agua se detiene. Cerrar el grifo es abrir paso a las presiones de este mundo. La vida cotidiana está cargada de preocupaciones y cargas que, por momentos, son difíciles de llevar a cuestas. La oración tiene la propiedad de deshacer ataduras y cuando se hace en equipo, destraba respuestas que se esperan y derriba murallas imposibles de franquear humanamente.

La carga que Dios coloca en el corazón de otra persona para orar por nosotros, es utilizada como instrumento movilizador de milagros. La oración representa el alimento diario para nuestra alma. Sin ella se vive en un estadio de miseria espiritual que imposibilita derribar los obstáculos diarios para caminar en una vida victoriosa y con propósito especial.

El desahogo espiritual parte de una decisión personal: la búsqueda firme por un cambio de espíritu genuino. Ello implica un cambio de actitud. No bucear en el pasado de los fracasos, proyectarse a nuevos horizontes de renuevo que nos desafían a ver con otra mirada nuestro entorno negativo.

La manera en como miramos, termina recreando las condiciones en las que nos encontramos.

¿En qué consiste, entonces, el ministerio de oración de la iglesia? Consiste en que Dios le dice a la iglesia lo que Él desea hacer, y la iglesia en la tierra ora por ello. Esta oración no consiste en pedirle a Dios que haga lo que nosotros queremos, sino en pedirle que logre lo que Él desea. La responsabilidad de la iglesia es declarar en la tierra la voluntad de Dios.

Octubre 2011