El poder de la palabra
No todos comprenden al instante de ser anoticiados el mensaje que les llega. Son muchos los motivos por los que atraviesa cada ser humano. Por un lado, la falta de atención o el descrédito inmediato al interlocutor. Por el otro, la ausencia de entendimiento porque no llega o no quiere comprender lo que oye.
En fin, esta parálisis auditiva momentánea trae aparejado una serie de comentarios al mensaje por diferentes pseudo entendidos de la palabra para desenhebrar los dichos de acuerdo a su saber y entender, en esta instancia se produce el desconcierto de aquél que genero el texto.
Así transitamos por el mundo, en un caminar de palabras sin sentidos apoyadas en teorías de otros tiempos que de ninguna manera se pueden poner en práctica hoy en día cuando estamos comunicados en el tiempo y en el espacio en forma inmediata con la otra parte del mundo atosigados por otros temas.
Somos robots momentáneos automatizados en la feroz desesperación de la inobservancia, único eslabón que nos une para entrar en el laberinto de la pérdida del tiempo.
Todos entramos en la rutina diaria apegándonos a las malas noticias que de ninguna manera pueden ser cambiadas dado que los que las comentan engrosan con más detenimiento lo acontecido transformándose en la cara visible de los diarios y noticieros.
Hace tiempo que la comunidad toda sufre un desconcierto, se han apropiado de nuestras mentes aquellos que están involucrados psíquicamente al mal augurio. Hoy es más importante el que muere que el que nace, el despedido que aquel que ingresa a un trabajo.
En fin, para que cada uno de nosotros entendamos ‘de una’ el mensaje, debe ser catastrófico porque de ninguna manera perderemos nuestro tiempo para rescatar lo bueno.
Febrero 2012



