¿Cómo aportar con soluciones a la cuestión social?
Los pueblos latinoamericanos en estos 200 años de vida han conocido los más diversos regímenes políticos desde su nacimiento como estados independientes: gobiernos civiles, militares, democráticos, populistas y autoritarios, unos más indiferentes, otros más volcados a encontrar soluciones de emergencia y algunos realmente interesados en desarrollar mecanismos que se acerquen lo más posible a soluciones de fondo; a lo largo y ancho del continente y a través del tiempo se han visto atravesados por un importantísimo asunto, la llamada “cuestión social”.
Robert Castel1 menciona que la cuestión social de la que se empezó a hablar propiamente alrededor de 1830, aludía a la toma de conciencia sobre las condiciones de vida de un sector de la población, que con el auge de la Revolución Industrial europea se convirtió en su agente y víctima a la vez; era por tanto, la cuestión del pauperismo en que se veían sumergidos un número cada vez mayor de obreros.
Ya en el siglo XX, la cuestión social sufre una transformación hasta llegar ahora a referirse a la población socialmente invalidada en todos los continentes.
Previamente el sector al que se hacía referencia pertenecía a la sociedad, si bien como una clase menos favorecida; mientras que al que ahora se alude está fuera del conjunto social, por contradictorio que parezca. Han sido puestos fuera de juego en el plano mercantil, sin posibilidad de tener trabajo por el que reciban un salario fijo; una vivienda digna, formando guetos y villas miserias u ocupando espacios públicos o terrenos baldíos; sin poder acceder a los servicios básicos, sin siquiera la posibilidad de salir del analfabetismo o tener atención médica. Se han visto envueltos y limitados por el poco espacio al que se les permite tener acceso y en que desarrollan sus actividades, acostumbrados a vivir al día y sin que nada ni nadie les garanticen su supervivencia.
Por cruda o distante que pueda parecer esta breve descripción, no es necesario sino que prestemos atención a la forma en que viven las personas a pocos metros de nuestras casas o en campos un poco más alejados de los centros urbanos pero no por ello en mejores condiciones.
Si somos sensibles a esta realidad, consideraremos que la cuestión social hacia la que debemos dar prontos y certeros pasos de solución es ¿Cómo introducir al conjunto de la sociedad a estos amplios sectores que por años han sido marginados e invalidados socialmente?
Esto me da pie a reflexionar sobre el título de los regímenes de nuestros países. Las definiciones de democracia podrán ser diversas y presentar algunos matices, pero podemos basarnos en una definición realista y restringida y decir que un régimen democrático implica necesariamente la existencia de elecciones limpias e institucionalizadas y ciertas libertades concomitantes3.
Solamente la existencia de ciertas garantías dadas a los ciudadanos (en lo que refiere a libertad de expresión, acceso a información y asociación) posibilitaría que realmente tengan lugar elecciones libres, limpias, igualitarias e institucionalizadas.
Por tanto, la estrecha relación radica en que no podríamos asegurar qué elecciones de estas características se cumplirían efectivamente si un importante sector de la población por las limitaciones que les representa el vivir en situaciones de extrema pobreza, se ve imposibilitado en el ejercicio de los derechos políticos o libertades antes mencionadas.
Las leyes al estar presentes como premisas universales sin hacer diferencia de la condición particular de cada individuo, cumplen su función como un marco de igualdad formal y juegan un rol de vital importancia en cada país; en este sentido; es necesario subrayar la labor que algunos gobiernos han emprendido a través de reformas constitucionales con el fin de incluir los llamados Derechos Sociales o de Tercera Generación entre los que figuran principalmente el derecho a un empleo y a un salario, a la protección social en casos de necesidad, como jubilación, seguridad social, desempleo, bajas laborales por enfermedad, maternidad o paternidad, accidentes laborales, derecho a una vivienda, a la educación, a la asistencia médica, a un medio ambiente saludable, al acceso a la cultura y a todos los ámbitos de la vida pública. Los mismos buscan cubrir un área cada vez mayor a la previamente garantizada por los civiles y políticos y elevar el nivel de vida de los ciudadanos.
Por tanto, si de las autoridades centrales ha surgido el interés de crear condiciones legales que promuevan mayor participación y también instituciones que aseguren el cumplimiento de leyes, es tiempo que como contraparte aportemos el lado particular, personal, sensible, humano, a la estructura formal con la que ya contamos. En este sentido resulta indispensable que nuestras tareas estén dirigidas a la búsqueda de esa igualdad, no como un ideal utópico o como un concepto límite al que nos es imposible llegar pero sí como un agente movilizador de cambio que nos estimule a encaminar nuestra labor tanto intelectual como práctica.
La cuestión social es eso: social. Ahora, no se trata de buscar culpables sino de detenernos a pensar en que la respuesta a este gran interrogante la vamos construyendo cada uno de nosotros, con nuestras acciones, en lo posible dirigidas por algún tipo de organización, pero fundamentalmente con lo que día a día tenemos a mano.
La solución vendrá cuando sumando aportes, buena voluntad pero también buenas acciones, reflexionemos en que antes de ser compatriotas, conciudadanos, portadores de un sinnúmero de derechos y responsables del cumplimiento de una serie de deberes, quienes viven y mueren en condiciones de pobreza y vulnerabilidad, son tan seres humanos como lo somos nosotros.
Es necesario por tanto, un despertar moral y ético, para no dejar que el afán del crecimiento y bienestar personal y familiar haga que descuidemos a nuestros próximos y para que aunando esfuerzos vayamos acercándonos, aunque lentamente pero con pasos seguros al mejoramiento de la realidad de vida de todos y todas, que la cuestión social vaya encontrando soluciones de fondo y permitiendo que las condiciones de igualdad y libertad en nuestras democracias sean vivencias concretas, diarias y no queden escritas en un papel o flotando en el aire como ideales que no se alcanzaron.
Que todas las cosas que emprendamos nos ayuden a bien.
Referencias:
1.CASTEL, Robert. (2002) Metamorfosis de la cuestión social. Buenos Aires. Editorial Paidos Ibérica. Pág.14
2.Castel, op.cit., pág. 20
3. O’DONNELL, Guillermo. (2007) Disonancias. Buenos Aires. Editorial Prometeo. Pág. 43
(*) Ciencia Política
Octubre de 2010, Segunda Edición



